Y ese estruendo casi divino, cuando se quiebran todos los sentidos con un Rocanrol, fue el que jugó todo el tiempo en mi mente como abogado y liberó para siempre a esta ciega razón de vivir. De tratar de lograr, ser la revancha de todos aquellos que la pelearon al lado, de cerca o muy lejos, y no pudieron reír sin llorar.
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